De alguna manera, las normas relativas a la mecánica del cuento (tal como lo expresara Poe en su famoso estudio crítico sobre Hawthorne) ya estaban incluídas en su FILOSOFÍA DE LA COMPOSICIÓN: “en verdad, por sus extremas exigencias estilísticas, el cuento se acerca al poma”. Nada más ajustado al trabajo de Jorge Schönfeld, que se corporiza en estas dos formas literarias.
En cuanto al contenido de la obra, se puede decir que en la diversidad de estilos y momentos aparece, sin embargo, un rasgo común: que estos textos se caracterizan por una nitidez que hace de las palabras cuerpos de palpable densidad. Valen como ejemplos cuentos como MATABURROS, POLIFEMO Y 2002 – EL AÑO DEL BUITRE o poemas como MI VERSO INFINITO, SONETO DE UNA NOCHE Y PURRETE.
La expresión literaria, lejos de meditaciones generales o de profusiones léxicas, tiene el efecto de una presencia inmediata, concreta. No obstante, esto no significa que se trate de un mero registro costumbrista y coloquialista de la vida cotidiana, sino más bien lo contrario: la esmerada construcción, la solidez de ciertos términos, las reflexiones en un tono menos melancólico que de dolorosa lucidez, configuran la ficción estética en toda su magnitud significante, es decir, en las antípodas de lo superfluo y lo banal.
Halago y plenitud: palabras elegidas para definir el estado de ánimo después de leer esta excelente producción.
Héctor Torini