El campo es el escenario ideal de un tiempo que parece no tener principio ni final. Allí pasa sus días Crispín. Solo, pobre y con la tristeza de haber perdido a toda su familia. Sin embargo, una aparición inesperada cambiará su vida para siempre. ¿Qué harías si el Diablo sale a tu encuentro? ¿Y qué responderías si te propone un pacto? ¿Y si ese pacto fuera a favor de hacer justicia?
Dice Hugo Mitoire, autor de Crispín Soto y el Diablo:
Desde tiempos inmemoriales se ha hablado del Príncipe de las Tinieblas y su revelación ante los hombres. En todas las épocas y lugares ha habido hombres que protagonizaron o fueron testigos de encuentros; escucharon relatos escalofriantes o al menos sospecharon acertadamente de su presencia. La antiquísima expresión ha vendido su alma al Diablo es tan actual, como lo fue en cualquier otro tiempo. El procedimiento es sencillo y sin ningún misterio: alguien de manera imprevista- una noche se encuentra ante el mismísimo demonio; habitualmente, la primera reacción es de incredulidad, que desaparece cuando el aparecido realiza alguna prueba o muestra de sus poderes. Una vez convencido hombre o mujer-, el interlocutor comienza a ofrecerles todos los placeres, riquezas y poderes del mundo, a cambio del alma. Eso es todo. La tentación es grande, sorpresiva y abrumadora. Paradójicamente, quienes más huyen de él, quienes más temerosos se sientes ante la sola mención de su nombre o quienes desesperadamente buscan protección divina, son, en genral, los más afectados, los más perseguidos y … cautivados.